¿ Que querriais tener al final de todas las cosas?

Ira

Apenas estaba por salir de su puesto de trabajo. Yo la miraba entre bostezos y sonrisas risueñas, cómplices y cargadas de ternura.

El sitio era oscuro, una barra de bar quizás, un asiento delantero de coche pudo ser, mas nos quedaremos  con la unica compañia de mi vaso y la presencia de la camarera. A mi, solo con ella, me bastaba. No necesitaba nada mas. No hay nada que el Cosmos pudiese ofrecerme que fuese mas tentador que mirar esos ojos verdes, mecidos por una cortina de finas varas de oro. ¿ Podria haber un mejor marco? Sinceramente, para mi,  si fuese la ultima imagen que viese en vida, dejaría esta vida con una sonrisa. Me sentiría en paz conmigo y con el Universo entero de ser así.

Transcurrian pacientes los minutos, parecian mofarse de mi larga espera. Traté de hablar con ella, mas mis palabras no alcanzaban a salir mas que de mi cabeza. No eran mis verdaderas palabras. Yo queria decir otra cosa. Otra cosa que callaba, que censuraba, que mi mente trataba de retener antes de que pusiese en riesgo el camino recorrido hacia ella. Tan cerca y tan lejos. Sería capaz de, si estiro la mano, tratar de tocarla, mas aunque mis células toquen su piel, me sentiría mas alejado de ella de lo que la física me puede decir. No quiero tocarla, no me conformo solo con eso. Querria acariciarla y detener el tiempo, haciendo ese instante eterno.

Con un pequeño suspiro, borro de mi mente esa imagen y decidido, acaricio el frío vidrio de mi copa, casi en busca de consuelo. Demasiado bien iba el dia. No me percaté de que el tiempo, inflexible, continuaba su labor como lleva haciendo desde el inicio de los tiempos.

Tras de mi, un sonido familiar apenas me hace reaccionar de mi labor de observacion de mi utopía. Sabía que ese sonido era el preludio de un nuevo ser invadiendo el territorio, mas no me importaba… hasta que supe quien és.

Una figura de estatura no mucho mas grande que la mia, pasa por mi lado. Aprovecho para apartar la mirada de la copa e identificar al sujeto. Un muchacho, alto, moreno, pude ver. Miraba a la barra, como buscando a alguien. Lógico, es un bar. ¿ Que va a buscar sino a una persona que lo atienda?. Tras su busqueda ocular, se detiene en una persona, lo cual, me parece normal, es la unica persona al otro lado de la barra. La camarera, parece no inmutarse, está hablando con sus compañeras y no se percata de que alguien está observandola, paciente. Tras esperar no mas de diez segundos a que ella se percate de su existencia, resignado, decide buscar asiento.

En ese preciso instante, el muchacho gira la cabeza y encuentra algo mas que un asiento libre, unos ojos, escudriñando cada centrímetro de su ser. Le observé fijamente y durante un breve periodo de tiempo, lo cual me parecieron años, sus ojos se encontraron con los mios. Fue una sensacion extraña. No conocia de nada a ese tipo, pero sentí que era alguien con quien jamás podria llevarme bien. Sin yo despegar la vista del muchacho, echa a andar hacia mis espaldas, dejandose caer en una silla a escasos metros de mi.

Agudizo mi oido, pues algo me decia que tenia que saber quien era él, porqué habia entrado y habia echo lo que habia echo con la camarera. Noté como mi pecho se estremecía a la vez que en mi mente se trazaba una suposición de quien era él. Al otro lado de la barra, acababa de incorporarse un hombre mayor, el cual tomó direccion hacia el muchacho misterioso. Por fin, cualquier palabra que dijese, me serviría para averiguar quien era y poder disipar de mi cabeza la idea de que fuese quien pensaba que era.

” Que, ¿vienes a por la niña?” musitó el hombre al muchacho. Supuse que había afirmado con un leve cabeceo, pues no alcanzé a oir palabra alguna de su boca y el hombre le respondió que ya salía, estaba ultimando sus tareas.

Lo sentí. Sentí que me ardían las entrañas. Sentí como una bocanada de magma hirviente procedente de mi corazón, sustituía mi sangre por borbotones de ira incontenible. ¿ El es? ¿ Este es el ser inmundo del que tan mal me habla? ¿ Este es el despojo humano que le hace infeliz? ¿ Esta es la escoria que la trata mal?

Mi mente me daba ordenes, me llamaba a la cordura, a la calma, a la sensatez… pero había algo que era mas fuerte que mi cabeza. Un sonido, lleno de furia y ruido, salía apresurado de mi alma clamando venganza. Estaba a escasos metros de una persona que maltrataba a mi ilusión. Sentí en mis puños, como la sangre latía con intensidad. Mi cuerpo estaba de parte de mi corazón y pretendía darme el valor y el coraje como para enfrentarme a él, quizá no saldria victorioso y seguramente seria así, pero no me importaba la derrota en ese momento, solo sé que le hubiese dado una lucha espectacular, aun sabiendo que tendría yo las de perder, le brindaría tal batalla que solo la tumba y la fria tierra podria poner en calma mis deseos.

Me levanté, cargado de furia y odio, mis ojos ya no tenian cariño ni ternura. Ni siquiera servian para mirar. Servían para aterrar, para intimidar, para demostrar que mi cuerpo no está guiado por mi mente, sino por mis sentimientos. No hay nada mas ruín que maltratar a una mujer y eso, tanto mi mente como mi cuerpo, lo tienen claro.

En ese momento de éxtasis, de euforia incontrolable, de odio indomable, de ira sin fín, sucedió algo que, de no ser por eso, quizá ahora mismo no estaría donde estoy. Mis ojos encontraron otros ojos en los cuales, había miedo. Y no eran precisamente los del muchacho. Era ella. Me miraba, casi implorante, tratando de evitar lo que yo ya tenia asumido como un destino trágico que me aguardaba. Como un guerrero al que le cortan las extremidades, me sentí terriblemente indefenso, superado por la situación. No queria que ella me viese como un animal sediento de venganza, no queria hacer algo que, seguramente, emperoraría no solo mi vida, sino indirectamente, la de ella también. Cuando me quise dar cuenta, noté como la bruma que nublaba mi juicio, se comenzó a disipar. Mi odio, latente aún, comenzó a amainar poco a poco.

Le devolví la mirada a la vez que le dedicaba una sonrisa. Alcanzé a escuchar que me decía ” Me voy”, unas palabras que de no haber aparecido este mal demonio, me hubiesen echo saltar de alegria, pues significaría que sería yo quien la acompañaría a su casa, estaría a su lado unos minutos mas. Sin girarme para ver como recibía el muchacho a su “niña”, pagué la copa a la cual ya estaba invitado y me fuí.

Con orgullo herido y odio contenido, me maldije por no poder hacer nada. Me maldije por no darle la felicidad. Me maldije por no decirle lo que siento.

Una vez mas, me había salvado ella.

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4 comentarios

  1. muy sentimental si señor yo jamas me podria expresar asi pero la calma es amiga de todos asik no te juntes mucho con la ira

    diciembre 8, 2011 en 11:39 am

    • La Ira no es aliada de nadie. No obedece caprichos ni ideales. Todos la padecemos, solo que unos saben contenerla y otros… no.

      diciembre 8, 2011 en 11:43 am

      • sip…yo soy apacible pero cuando stoy cabreada es mejor dejarme sola porque sino la paga el k mas carca se encuentre jeje

        diciembre 8, 2011 en 12:05 pm

      • Totalmente comprensible. Yo ya lo vés, escribo. Quizá no sea la mejor manera de resolver las cosas, pero me siento mejor haciéndolo.

        diciembre 8, 2011 en 12:40 pm

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