¿ Que querriais tener al final de todas las cosas?

La llama de la vida

Llovía intensamente fuera del bar. Como de costumbre, el otro lado de la barra, vacío.

No había botella alguna en las estanterías, en su lugar, un enorme espejo, en el cual me veía reflejado durante interminables horas.  No sabía de qué estaba lleno mi vaso, solo sabía que por mucho que bebiese, no se acababa nunca. Apenas había luz, una bombilla a medio fundir y la poca luz que filtraba la ventana que daba a la calle eran mi compañia.

Tras un pequeño titubeo, agarré el vaso y me dispuse a beber. Cuando estaba a escasos centimetros de mis labios, me percaté de que era la primera vez que el vaso estaba vacío. Extrañado, me lo alejé de la cara, como si fuese venenoso y fruncí el ceño, confuso supongo. Escuché un pequeño carraspeo a mi lado. Con un pequeño sobresalto, me giré para visualizar de donde provenía el sonido. Nada. A mi derecha, no había nada. Sonó de nuevo el carraspeo. Maldición, está  a la izquierda. Giro la cabeza, esta vez sin sobresalto. Vacío nuevamente. ¿ Pero que demonios? Miré al espejo que siempre tenía enfrente mia y me quedé estupefacto.

En mi lado izquierdo, sobre la mesa, había algo de color negruzco. Pareciese como si de vez en cuando, a modo de suspiro lento, se hinchase y deshinchase. Fuese lo que fuese, no tenia muy buen aspecto. Pero el horror me vino cuando me fijé en mi. Como si de un tunel se tratase, un gran circulo se dibujaba en mi cuerpo, salpicado por sangre.

Aparté la mirada del espejo para palparme el pecho. No, seguia en su sitio. No había nada raro. Volví a mirar el espejo y ahi seguia, mi reflejo destrozado. Pero esta vez, había algo diferente. Una silueta detrás de la cosa negruzca que estaba a mi lado, lo cual supuse que era mi corazón. Lentamente, comenzó a agacharse hasta casi rozar mi corazón con sus labios. Se detuvo, levantó la mirada y me dedicó la sonrisa mas bonita del mundo.

Retiré la mirada del espejo para mirar a mi lado, pero, como me ocurrió antes, lo reflejado en el espejo, no sucedió en la realidad. Al dirigir la mirada hacia el espejo, este solo me reflejaba a mi, tal y como era antes de ver ese tipo de visiones. Una alucinación, supongo.

Entonces, noté unos brazos rodeandome y unos labios besandome.

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